El espacio que hoy abarca la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco ha sido un escenario de grandes transformaciones y procesos sociales que reflejan el devenir de la propia historia del país. Después de ser un pueblo de indios, el siglo XIX trajo consigo la incorporación al Ayuntamiento de México, la pérdida de las tierras comunales y la instalación de la Cárcel de Santiago, después prisión militar de Tlatelolco. Uno de los cambios más significativos fue la instalación de la infraestructura ferroviaria, sinónimo de innovación, comunicación y transporte que perpetuó también la identidad comercial de Tlatelolco.
La presencia de los almacenes, talleres y vías desde Tlatelolco hasta Buenavista, implicó una transformación urbana, social y física impactante. Existen descripciones que mencionan las columnas de humo de los trenes, la basura en La Viña y la destrucción de los inmuebles históricos -como la iglesia- por el abandono que estaban sufriendo.
A mediados del siglo XX, se atestiguó un hecho clave para la transformación de Tlatelolco en la zona residencial que conocemos hoy: el movimiento ferrocarrilero. Este movimiento ocurrió entre 1958 y 1959 e implicó un proceso de lucha obrera, que inició por la búsqueda de un incremento salarial y se transformó en una demanda por democracia sindical y renovación de las estructuras.
Tras jornadas de paros escalonados, luchas internas y una huelga general en agosto de 1958, Demetrio Vallejo fue elegido secretario general, a lo que el Estado respondió con una contrainsurgencia, rompiendo alianzas obreras y utilizando la prensa para generar una opinión pública negativa. Las huelgas de febrero y marzo de 1959 fueron fuertemente reprimidas y se procedió al despido de muchos trabajadores y encarcelamiento de los representantes.

¿Cuál es la relación entre el movimiento ferrocarrilero y Tlatelolco?
La primera conexión se encuentra en el espacio, ya que una de las consecuencias de la lucha obrera fue el desmantelamiento de la infraestructura, lo que implicó la reutilización de predios como el que ocupaban los talleres, almacenes y vías en Tlatelolco y Nonoalco. Precisamente, el mismo espacio antes ocupado por estas instalaciones, se ocupó en su totalidad para la construcción de la Unidad Habitacional.
Otra conexión podríamos encontrarla con el movimiento de 1968, principalmente en la coincidencia del espacio -como escenario-, en el contexto político, las demandas de los estudiantes, entre ellas la liberación de los presos políticos, y las tácticas de represión estatal. Estudiantes y trabajadores apoyaron mutuamente sus causas, demostrando solidaridad en el activismo.
Octubre es un mes que nos invita a reflexionar sobre las luchas, las resistencias y la vigencia de muchas causas que nos convocan. Posiblemente Tlatelolco tenga esa huella como parte de su identidad, pero es una historia que nos reúne frente a los derechos y a la justicia y que trasciende cualquier territorio.


